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lunes, 18 de marzo de 2013

Miedo

Imagen de Mother Jones

He empezado a escribir algo.

De momento no es bueno en absoluto y no tiene un tema que pueda interesar mucho o ser bien recibido por la mayoría de la gente. Pero creo que va a ser largo, y eso me acojona.

Me acojona no ser capaz de seguir (ya ni hablo de acabarlo).

Me acojona ser capaz de seguir, y descubrir que tengo razón y sólo hago basura.

Me acojona no saber enfrentarme a esta temática. 

Me acojona saber enfrentarme a esta temática y que me afecte demasiado.


No entiendo cómo unos malditos párrafos en el procesador de texto pueden dar tantísimo miedo. Si lo que quería era escribir, ¿por qué me asusta el simple hecho de intentarlo?

jueves, 31 de enero de 2013

Diez cosas que tengo que dejar de comprar

Voy a ver si escribiéndolo aquí me hago a la idea de que tengo fijación con diversas chorradas que tengo que dejar de comprar cuanto antes. 

No tengo mucho dinero, pero tampoco hay grandes gastos. No pago alquiler ni comida (algo bueno tiene que tener vivir todavía con mis padres), no salgo demasiado y cuando lo hago no gasto mucho, y no tengo gustos caros en ropa. Ahora mismo mi único vicio son las muñecas, pero con los regalos de cumpleaños y navidad (siempre me dan dinero porque no saben qué regalarme) y gastar menos en ropa y comidas fuera lo equilibro bastante bien. 

Pero a lo que iba... hay algunas cosas que sigo comprando de manera casi compulsiva cuando las veo. La mayoría suponen un gasto ínfimo (otras no tanto), pero si lo sumas todo al final podría llegar a comprarme alguna de esas cosas caras que quiero pero nunca me compro precisamente porque son caras (por ejemplo, una cámara de fotos en condiciones, que la mía está para el arrastre ya). Aquí va la lista:

1. MATERIAL DE PAPELERÍA


Me apasiona el material de papelería. Bolis de colorines, estuches, cuadernos, libretas... Es algo que no suele ser caro, y además es útil. El problema es que soy idiota. 
Me compro una libreta preciosa, con dibujitos y demás, y vuelvo a casa con ella toda emocionada. La dejo en el escritorio, la meto en un bolso, lo que sea. Y después me da pena usarla porque es demasiado bonita. Lo dicho, soy idiota. 
Los bolis y demás sí los utilizo, porque siempre me puedo comprar otro si se gasta (se ve que pienso que cualquier día van a dejar de fabricar libretas, pero bolis va a haber hasta el fin de los tiempos). Pero claro, ya no voy a clase, así que no hay apenas situaciones en que necesite 483254325 bolis de diferentes colores. 
Lo de las libretas es extensible a los cuadernos. Cuando necesito un cuaderno para algo, acabo comprando uno muy barato de tapas lisas y tristes, porque los 187463746 que tengo en casa son demasiado bonitos y no los puedo mancillar. Sin comentarios.


2. CACAO PARA LOS LABIOS

Sí, dentro tienen cacao. Tengo dos de estos.

Además de barras de cacao, me refiero sobre todo a esas cajitas tan monas con chisme para los labios con sabor a fresa, vainilla, chocolate, melón o albóndigas en vinagre. Me encantan. Y suelo tener los labios bastante mal, así que además tengo motivos para comprarlas. El tema es que tengo muchísimas, todas desperdigadas por bolsos, mochilas y sitios inimaginables, y cuando realmente necesito echarme algo en los labios nunca encuentro ninguna. 
Supongo que esto se soluciona con un simple problema de organización: buscarlas todas y después distribuirlas bien, pero lo que está claro es que no necesito comprar ninguna más.


3. CREMA HIDRATANTE


Tengo problemas en la piel y debería echarme crema hidratante varias veces al día. Por eso, cuando encuentro alguna que no es cara y huele bien, o tiene una caja bonita, o cualquier gilipollez por el estilo, a veces la compro.
Pero, como ya os habréis imaginado, casi nunca me echo crema porque me da una pereza horrible.


4. MAQUILLAJE


De vez en cuando veo una sombra de ojos que me gusta, y pa la saca. O un pintalabios, o lo que sea. No debería ser un problema, porque además no compro marcas caras.
Pero lo es, porque tengo en casa un montón de sombras y pintalabios y demás movidas. Y, por supuesto, también en casa de mi chico (pasó allí el 50% del tiempo, más o menos). No necesito más.
Y lo peor de todo es que, últimamente, a lo sumo me hago la raya en los ojos (siempre negra), un poco de rimmel y voy que chuto. Ni base de maquillaje, ni sombra, ni colorete, ni pintalabios ni nada. 
Si hablamos de los pintauñas, es aún peor. Tengo muchísimos, de un montón de colores. Me encantan, pero una buena parte del tiempo tengo las uñas mordidas e imposibles de pintar. Cuando las tengo bien siempre las llevo pintadas, pero no necesito más colores, tengo demasiados.


5. MINIATURAS

Esta es una de las mías,
Ixxen de Sphere Wars

Las miniaturas están muy bien. Me gusta jugar con ellas y pintarlas. Odio a muerte montarlas, pero es parte del proceso, hay que hacerlo y cada vez lo voy llevando mejor. 
Pero quizá debería plantearme montar y pintar las tropecientas que tengo sin terminar antes de comprar ninguna nueva.


6. PINTURAS PARA LAS MINIATURAS


Entre mi novio y yo tenemos un montón de pinturas. Como siempre pinto en su casa, guardo las mías allí. Con los colores que tenemos (y con muchos menos) podríamos crear cualquier tono que imaginemos, pero claro, voy a la tienda y veo ese maravilloso verde chillón, ese rosa chicle o uno de los 34583423 tonos de morado que existen en el mundo, y no puedo evitar comprarlo. 

Y luego apenas los utilizo, porque no quiero que parezca que mis terribles y devastadores ejércitos van al Desfile del Orgullo Gay en vez de a una cruenta batalla (que conste que la mayoría de veces no lo consigo).


7. MUÑECAS PARA CUSTOMIZAR


Está muy bien eso de customizar mis muñecas. Les pones pelo nuevo (es un coñazo horrible, pero el resultado mola), les pintas algún detallito de la cara, les haces la ropa... y tienes una muñeca totalmente original, a tu gusto y que además has hecho tú. Pero claro... todo eso hay que hacerlo, no te despiertas un día y la muñeca está terminada en la estantería por arte de magia.
En esto sí que me he plantado. No voy a comprar ninguna otra para customizar hasta que no termine al menos dos de las que tengo empezadas. 


8. TELAS
Foto de living on the crafty side of life

No compro muchas telas, pero de vez en cuando me da por ahí. Principalmente las compro para hacer vestidos para las muñecas o para hacer peluches, lo cual está muy bien. Es creativo, y la gente suele valorar los regalos hechos a mano. 
Pero siendo realista, el 90% de la ropa de muñeca que he hecho ha sido utilizando bragas de los chinos (limpias y sin estrenar, por si quedan dudas xD). Tienen estampados pequeños y son muy baratas. Y cuando quiero hacer un peluche, generalmente no me valen las telas que tengo en casa listas y preparadas para ello, y tengo que ir a comprar otra que sirva.
Conclusión: nada de comprar tela "porque es bonita" sin tener claro para qué demonios la voy a utilizar.


9. MIERDAS GASTRONÓMICAS


De vez en cuando no puedo evitar comprar mierdas. Gominolas, gusanitos, bollos, chocolate... todas esas cosas. Lo único que consigo con ello es, en este orden, gastar dinero en algo que no es duradero, sentirme horriblemente culpable y engordar. 


10. CAMISETAS Y CALCETINES


No me compro ropa a menudo, pero siempre son camisetas o calcetines. Por alguna razón absurda son las únicas prendas que puedo comprar sin sentirme mal. No te los tienes que probar. En una camiseta siempre cabes, si es suficientemente grande. No sales llorando de la tienda porque te ves como un ser amorfo. Y además son bonitos. ¿Quién pide más?
Necesito pantalones con urgencia, mucha urgencia. De sujetadores ya ni hablo. Y ando muy justa de sudaderas. Pero siempre que voy de compras porque necesito alguna de estas cosas, vuelvo a casa con una maldita camiseta. Y cada vez que voy al Rastro, traigo un cargamento de calcetines, simplemente porque son baratos y bonitos.


Hay más cosas, claro, pero estas son las diez que se me ocurren ahora. Quizá algún día haga una segunda parte del post.

domingo, 27 de enero de 2013

I´m back


Aquí estoy, tres años más tarde, intentando resucitar el blog. 

No tengo esperanzas de recuperar a mis antiguos lectores, simplemente quiero que esto me obligue a escribir. Hace mucho que no escribo, demasiado, y lo echo de menos. Es perturbadoramente narcisista echar de menos una parte de uno mismo, pero es lo que siento. Y, francamente, nunca me ha preocupado resultar perturbadora. 

Podría haber creado un nuevo blog, pero sigo siendo una maldita nostálgica que se reboza en su pasado, y eso sólo me dejaba la opción de continuar donde lo dejé. He hecho algunos cambios en el título y en la estética del blog. Me despido de los tonos negros y deprimentes y le doy la bienvenida a una de mis obsesiones actuales: los yetis. Es curioso que hable de "despedirme de las cosas deprimentes" viendo el nuevo título y la imagen que he elegido para esta entrada... pero tampoco he dejado de ser yo misma, por muchos colorines, ponies y muñecas que haya ahora en mi vida. 

Supongo que sería demasiado ambicioso por mi parte esperar que por abrir de nuevo el blog vaya a empezar a escribir como una loca, pero tengo que intentarlo al menos. Es una de las pocas cosas que sé hacer de forma aceptable y no quiero seguir desaprovechándolo así. 

Ya está bien por hoy de hablar de mí misma. Aunque también quiero utilizar el blog para contar cosas que me pasen o reflexiones absurdas, como hacía antes, espero que la próxima entrada sea un relato o algo que se le parezca mínimamente. 

Y que sea pronto.


Link de la imagen

martes, 20 de abril de 2010

Entrada emo


Esta noche he encontrado una especie de diario que escribí el año pasado, durante los dos primeros meses del 2009. Digo «especie de» porque no era un diario como tal, sino un cuaderno donde apuntaba chorradas que me pasaban por la cabeza (no lo que había hecho cada día).

He estado releyendo algunas partes, y me he dado cuenta de lo jodida que estaba entonces. Realmente jodida, como pocas veces he llegado a estar.

Voy a copiar un trozo, en concreto de enero de 2009, que escribí en un rato de divagaciones en un Starbucks mientras intentaba que de mi mente saliese algo productivo. Está sin retocar, tal y como salió en ese momento.

A veces siento que todo se desparrama, que nada tiene sentido, que no hay sentido de la vida, ni nada absoluto, ni una verdad oculta. Sólo células haciendo su trabajo, desgastándose, deteniéndose, descomponiéndose después. Quizá no hay motivos para nada, nada que encontrar, sólo la apatía de un mundo animado pero sin pensamiento.

Nos movemos por impulsos de necesidades fisiológicas, por impulsos de felicidad e impulsos de dolor. Y no hay nada más detrás. La filosofía es un enorme engaño, incluso para los que participan en él.

El ser humano necesita encontrarle sentido a las cosas, o al menos buscarlo. Porque si creemos que lo que hacemos tiene un sentido, que el dolor que nos desborda tiene un sentido, seguimos adelante, aunque no lo conozcamos.

Quizá el suicidio sea para los que comprenden que no lo hay. Y el propio sistema que forma el ser humano los elimina, por ser piezas defectuosas en el engranaje.

Siempre encontramos un sentido, por pequeño y absurdo que sea, y eso nos hace continuar funcionando.

Tal vez estoy averiada. Quizá en eso consiste la depresión, en estar averiado.


Link de la imagen.

lunes, 12 de abril de 2010

Sequía cerebral


Un mes sin actualizar... soy lo peor. Cada vez que me prometo que lo haré más a menudo, pasa más tiempo sin que lo haga. Y encima mi portátil ha muerto (ahora mismo estoy usando el de mi hermano), así que es posible que actualice menos aún hasta que tenga otro.

O quizá, como mi vida es así de paradójica y absurda, ahora escriba más porque no tengo tantas tonterías para distraerme. Ojalá sea cierto.

No me ha pasado nada relevante últimamente, salvo que me han confirmado el diagnóstico de dermatitis atópica... que es como llaman a un problema en la piel que no saben cómo carajo llamar porque no saben casi nada sobre él. No tiene cura, y el tratamiento es echarse de por vida crema hidratante especial muy cara varias veces al día, ducharse con gel especial caro, echarse pomadas caras, usar sólo ropa de algodón, no utilizar calzado deportivo, y quitar de la casa las cortinas y edredones, entre otras simpáticas cosas. Hay cosas que haré y cosas que no, porque haciéndolas no mejora mucho la cosa... y supongo que con el tiempo tendré que cambiar las cremas caras por otras normales, porque no podré seguir ese ritmo económicamente (por no hablar del coñazo que supone).

Voy a ver si esta temporada de carencia informática puede sacar a mi musa del pozo. Intentaré plantarme todos los días delante de un cuaderno hasta que salga algo, sea decente o no. Pulula por mi mente una idea para un relato sobre un personaje de D&D... pero con lo vaga que soy, seguro que no lo hago.

Tengo que ponerme las pilas, porque me han hecho una propuesta interesante.


La imagen está sacada de aquí, es la web de la ilustradora Marie Cardouat. Me he enamorado de sus dibujillos, que he conocido gracias al juego de mesa Dixit.

lunes, 25 de enero de 2010

Clay-O-Rama


Hoy os voy a recomendar un juego. Iba a decir que ya os recomendaré más, pero es muy posible que no lo haga, ya me conocéis. En realidad este juego no me gusta más que otros, pero como lo probé este fin de semana y lo tengo reciente, me apetecía hablar de él.

Se llama Clay-O-Rama (también se encuentra como Clayorama, todo junto) y consiste en fabricar un muñequito de plastilina para que se atice con los de los demás jugadores, en plan wargame. Cada bicho de plastilina tiene unos poderes, que se le asignan al principio de la partida, y se van moviendo por el tablero (por palmos xD) para ir a zurrar a los otros... o para huir de ellos, claro.

Así contado parece muy simple... y es que realmente es muy simple. Es un juego para pasar el rato haciendo el tonto. Cómo pone en las reglas, «necesitas un grupo de gente dispuesta a hacer el tonto y a divertirse jugando con plastilinas».

Os dejo aquí el link de las reglas, por si os decidías a probarlo. Se recomienda utilizar Play-Doh, en lugar de plastilina corriente, pero supongo que con la normal también se podrá. Nosotros jugamos con Play-Doh y fue todo bastante bien.

La foto de arriba es de los muñequitos de la primera partida que jugamos (si consigo las de la segunda, ya editaré la entrada para poner alguna). Y ahora os pongo un primer plano de Guybrush, mi mono de tres cabezas lanzador de zurullos xD





miércoles, 25 de noviembre de 2009

Teorías absurdas que no lo son tanto (I): La creación del mundo



En los momentos más absurdos es cuando salen las mejores teorías. La prueba de ello es que este sábado estaba con Jorge (mi chico, novio, pareja, o como léxicamente queráis llamarlo) en un camino que salía de un pueblo perdido en Ciudad Real, llamado Horcajo de los Montes y que estaba al lado de otro pueblo llamado Retuerta del Bullaque (cuyo nombre da para escribir todo un ensayo; lo cierto es que el día anterior, en el camino en coche, hubo una divagación previa, de la que puede que acabe hablando otro día, sobre de dónde vienen los nombres de los pueblos en general... pero me estoy yendo por las ramas). El caso es que ese camino llevaba a un lugar que se llamaba la Chorrera y que era una especie de cascada muy potita y herposa. Y me sigo yendo por las ramas...

Lo que quiero tratar ahora es que, en la primera parte de ese camino (cuando aún era semi-asfaltado y sin ir campo a través, es decir, como se ve en la foto) empezamos a hablar de uno de esos temas trascendentales que normalmente se tratan en momentos poco trascendentales; en concreto, de la creación del mundo.

Todo comenzó, según creo, cuando Jorge me habló de una vez que unos amigos y él habían dicho que quizá somos el experimento olvidado o fallido de una raza superior. Ya sabéis, se empieza el experimento con ilusión, y cuando se ve que es una mierda, se deja aparcado. Esto explicaría por qué algunas civilizaciones, como la egipcia, parece que recibieron ayuda externa. La conversación pasó a mi antigua visión religiosa; ahora me considero agnóstica, pero mis padres son religiosos y he ido a un colegio de monjas, así que tengo un pasado católico. En mi adolescencia, antes de dejar de creer del todo, pasé por una etapa en la que imaginaba a dios como un niño jugando con una granja de hormigas. Es fácil de imaginar, ¿no? El niño mira las hormigas a ver qué hacen, de vez en cuando les echa comida o salva a alguna de alguna muerte segura o terrible desgracia, y pasa bastante del tema en general.

Y esto dio lugar a la teoría que quería explicar aquí desde un principio... tres párrafos después. Jorge sugirió que quizá dios creó el universo, y se dedicaba a hacerlo funcionar tranquilamente. Pero dios, como mucha gente, tenía un hijo. Un niño porculero que no le dejaba en paz; intentaba meter mano en lo que hacía, preguntaba todo el rato y berreaba por motivos diversos y variopintos. Y dios, hasta los huevos del crío, le dio un planeta de los más pochos para que jugase con él y le dejase vivir un rato.

El planeta, por supuesto, era el nuestro. Empezamos a divagar los dos, y todo dio lugar a diferentes e inquietantemente lógicas afirmaciones:

― Al principio había muchos milagros y se notaba la mano del creador en el mundo, porque el niño estaba encantado con su juguete nuevo y no paraba de trastear con él. Con el tiempo fue perdiendo interés, como todos los críos (y adultos), y por eso cada vez está todo más descuidado y no hay milagros ni intervenciones divinas ni leches en vinagre.

― Animales absurdos, como los dinosaurios o el ornitorrinco, son una clara muestra de un niño pequeño aprendiendo a usar la plastilina. Que todo, aún hoy en día, funcione tan espantosamente mal es otra clara muestra de que el niño en cuestión no era demasiado hábil.

― Cosas como el Diluvio Universal, la caída de Adán y Eva y de Babilonia, las plagas y otros espantosos castigos divinos fueron fruto de la mente despiadada de un niño cabrón, que cogía rabietas con cualquier cosa, siempre que sus pequeños muñequitos no le obedecían. Poco a poco, esas cosas empezaron a traérsela floja.

― Hubo un momento en el que niño quiso interactuar con nosotros, así que se creó un avatar (evidentemente, Jesucristo) y se metió en el mundo. Su padre le había regañado y le había explicado que no se podían traer plagas malignas ni matar gente así a saco por las buenas, sino que todo se solucionaba con el amor al prójimo y otras pijeces, así que decidió intentarlo. Lo intentó, y le salió mal. Sus propias creaciones lo asesinaron cruelmente... así que decidió resucitar. Y vengarse.

― Y se vengó de los judíos, por supuesto. ¿De dónde creéis que salió Hitler?

―Los recursos naturales se están agotando porque el niño se olvida de cargar el planeta.

― Los deja vu son los puntos en que el crío cojonero graba la partida, y cada vez que tenemos uno es porque la ha cargado desde ahí.


Y creo recordar que esas son todas las ideas extrañas que salieron... si recuerdo alguna otra, la añadiré (o si Jorge se acuerda cuando le obligue a leer este tocho tan largo que me ha salido). Sé que dejamos la conversación en los deja vu, porque seguidamente empezamos a desvariar sobre ellos... pero eso, queridos lectores, será en otra entrega de Teorías absurdas que no lo son tanto.

jueves, 22 de octubre de 2009

Más idioteces


Ganas de matar a Dama Blanca aumentando... pero como esto trata de hablar de mí misma, que me encanta porque en el fondo soy una egocéntrica, pues vamos a ello. Se supone que tengo que contar siete rarezas o costumbres extrañas mías... no se me ocurren tantas ahora mismo, así que a ver qué sale de aquí.

1. Me dan un asco horrible los pies masculinos. No es que los de las mujeres me gusten, pero los tolero. Esto implica que me da repeluses ver a un tío con sandalias, y muchísimo más que me toquen con un pie (en determinadas situaciones esto llega a ser un problema xD). No sé de dónde viene, pero es un odio visceral.

2. Me da dentera tocar algodón. Suena estúpido, pero soy incapaz de partir una bola de algodón, tengo que pedirle a alguien que lo haga por mí.

3. Me sigo disfrazando cada Halloween (y cuando tengo ocasión el resto del año) a pesar de tener ya una edad respetable.

4. Prefiero escribir a mano que en el pc, aunque racionalmente sé que en el ordenador es mucho más cómodo y que de todas formas lo voy a tener que acabar pasando ahí. Pero me encanta tener un boli en la mano (o mejor aún, un lápiz) y moverlo sobre un cuaderno.

5. Muchas veces hablo con los objetos (mi móvil, la nevera, cualquier cosa que tenga cerca) como si fueran personas.

6. Esto podría ser una extensión de lo anterior... durante un par de años, no hace mucho, llevaba a todas partes a mi amigo Bernie, incluido el trabajo, bodas, etc. Bernie es el calcetín orejudo que aparece en la foto.

7. No soporto el té. Sabe a culo. Ni el pimiento, ni la leche sola, ni el marisco. Todo sabe a culo. Ah, y tengo alergia al huevo, que no sé si sabe o no a culo.


Y bueno, aunque al empezar no se me ocurrían siete, ahora que he estado pensando tengo muchas más en mente... pero bueno, como sólo son siete, os jodéis y os quedáis sin saberlas xD

jueves, 15 de octubre de 2009

Idioteces en general


Hoy odio especialmente a Dama Blanca por nominarme para estas chorradas xDD Pero bueno, lo haré, porque ya va tocando actualizar y mi musa sigue putrefacta y abandonada en una cuneta.




1.- Cuéntanos una fantasía y con quién lo realizarías.
No dice qué tipo de fantasía... así que, por ejemplo, me gustaría ir a Monkey Island y conocer a Guybrush Treepwood, al caníbal Caralimón y al mono de tres cabezas. Y he dicho conocer, no fornicar.
Aunque Guybrush tiene su punto xD

2.- Cuéntanos una situación comprometida, divertida, que te avergonzara, etc.
Pues he tenido muchas, pero voy a contar una que avergonzó a mi madre más que a mí. Íbamos por un mercado de estos de toda la vida donde venden comida y tal, y mi madre tenía que comprar en la pescadería. Yo me quedé mirando los pulpos, que estaban ahí espatarraos, y dije a voz en grito señalando: «¡Mira, mamá! ¡Tienen ojete!».
Y sí... sé que es una anécdota normal cuando tienes 8 años, pero yo tenía más de 20...

3.- Un amor prohibido con detalles escabrosos.
Nunca he tenido un amor prohibido, soy así de sosa. Ni con detalles escabrosos tampoco, creo... no he estado con tíos casados, ni que practicaran necrofilia, ni con sacerdotes, ni na de na.

4.- Cómo sería tu amante perfecto/a.
Últimamente estoy aprendiendo a valorar como se merece el hecho aparentemente simple de que un tío te trate bien.
Pero si nos ponemos más quisquillosos y exigentes, pues por ejemplo... un bardo/danzarín sombrío de nivel 14 pelirrojo, tísico, algo emo y de sexualidad ambigua xD

5.- Confiésanos tus zonas erógenas.
Las mismas que tiene toda mujer de raza humana, creo.

6.- Qué te resulta más sensual de tu amante.
Que lleve un disfraz de mono sepsi, como Dama Blanca.

7.- Una canción para hacer el amor.
No me gusta tener banda sonora, prefiero ponerla personalmente. A los vecinos les encanta.

8.- Un lugar para hacer el amor.
Un barco pirata no estaría mal.

9.- ¿Alguna comida o bebida afrodisíaca?
Fresas. Y grog.

10.- ¿Con qué blogger tendrías un affair?
Si Christian Bale, Johnny Depp, Josh Holloway o Hugh Jackman tienen blog, haría un esfuerzo...




No nomino a nadie porque yo soy buena persona, no como otras... para la próxima entrada prometo resucitar a la musa (es decir, ponerme a escribir y dejar de pendonear por ahí todo el día).

sábado, 5 de septiembre de 2009

Autopublicidad


Pues sí, es hora de autopublicitarme.

Y no me refiero al blog emo que creé hace poco para mis poemas de casquería (aunque, ya de paso, podéis visitarlo si os apetece en http://poemasdecasqueria.blogspot.com/ ), sino a otro blog sobre corrección de textos que estreno hoy. Aún está en semi-construcción, así que quizá cambiemos alguna cosilla.

Ante todo, tengo que darle las gracias a Laura por haberme hecho el blog (tanto el blog como la web), porque los que me conocéis sabéis que soy una inútil con estas cosas. Además de haber quedado muy chulo, ¡tiene monos!

A muchos de los que me leéis aquí no os interesará mucho, pero si tenéis alguna duda lingüística alguna vez, os animo a que me la preguntéis a través del blog.

¡Ah! Y si tenéis una tesis que corregir, una novela, cualquier cosa... dadme trabajo, leche.


Aquí os dejo el link del blog: http://www.correctorfreelance.es/blog/

Y el de la web, ya que estamos: http://www.correctorfreelance.es/

viernes, 14 de agosto de 2009

La pinchadora malvada




Mi musa emo ha vuelto a fingir su muerte (prefiero pensar eso a que esté muerta de verdad), lo que implica que llevo siglos sin escribir nada. Así que, como todos estáis deseando… voy a dedicar la actualización de hoy a contar mi vida.

Ayer tenía que hacerme unos análisis. No es que me esté muriendo (o eso creo, porque aún no tengo el resultado), ha sido simplemente porque mi madre se ha empeñado en que me los haga. Fue ella la que me pidió hora en el médico, y por lo que me ha contado, la conversación debió de ser más o menos así:

Mi madre: Quiero pedir hora para que mi hija se haga unos análisis, que últimamente ha adelgazado mucho.

Médico: ¿Pero ha adelgazado sin hacer nada?

Mi madre: No, está haciendo dieta.

Médico: ... entonces es normal que adelgace... (Inserte aquí expresión manga de gota de sudor en la frente)

Volviendo al tema, me dan mal rollo las agujas y nunca me han gustado mucho estas cosas, pero lo llevo más o menos bien. O, mejor dicho, lo llevaba.

Hasta ahora.

Comenzaré con el análisis de orina. Mear en un bote parece fácil... pero como estoy medio loca y tengo bloqueos mentales extraños, para mí no lo es tanto. Me levanto antes de las 8 de la mañana... y no hay manera de mear. Ni abriendo grifos, ni nada. Y con unas ganas tremendas, porque me hinché a agua por la noche precisamente para que me resultase menos complicado.

Cuarenta minutos después, sigo sin mear y ya es la hora de irme. Conclusión: tengo que mentir cual puta y decirle a la tía del ambulatorio que me ha bajado la regla por la noche y por eso no he llevado la muestra. A ver si cuela y el médico no me la pide de nuevo.

Me hacen pasar a hacerme el análisis de sangre. La tía es novata, pero no me preocupa mucho, ya me pinchó una novata otra vez y lo hizo bien. Me pide que le dé el brazo derecho, y yo se lo tiendo amablemente y miro para otro lado, porque me da mucho yuyu verlo. Después de un rato buscando la vena sin éxito, me dice que le dé el otro. «Empezamos bien», pienso. Aún no sé cómo va a acabar aquello, por suerte para mí.

Le doy el otro brazo, y después de buscar durante lo que me parecen mil años, noto el pinchazo. La tía está rajando con la de al lado sobre las vacaciones. La aguja sigue dentro. Yo juraría que estas cosas duran menos, al menos las otras veces. También juraría que duelen menos.

Unos dos o tres minutos más tarde, la aguja sigue ahí clavada, y la tía sigue contando no sé qué leches sobre la hija de no sé quién. Yo no sé lo que está pasando porque sé que si miro me voy a marear, pero duele un cojón y medio, y encima la tía pasa del tema.

Y, de pronto, dice: «Huy... se ha roto».

«¿Qué coño se ha roto?», pienso yo, y cuando noto salir la aguja me atrevo a mirar y la veo con cara de «oops», poniéndome una gasa grande sobre el pinchazo, y sujetándola con esparadrapo. Las otras veces me ponían una gasita pequeña, o un algodón, y no la sujetaban. Ni decían que nada se hubiese roto. Y no dolía.

«Te va a salir un huevo aquí», me dice, tan tranquila. En ese momento quiero matarla. Lo peor es que luego le dice a una compañera: «¿Te importa acabar tú?». La miro, flipando, y le pregunto si no ha terminado. Y la tía me enseña tres tubos, uno lleno, uno vacío y otro a medias, y SONRÍE. «No, queda la mitad... es que se ha roto la vena cuando estaba llenando este».

Ni puedo contestar, porque empieza a darme de to sólo de pensar en que tienen que pincharme otra vez. Llega la otra y me pide el brazo derecho. Se lo doy, acojonada, y cuando me quiero dar cuenta, noto el pinchazo en la MANO. Los tubos tardan más en llenarse que cuando lo hacen en el brazo, y duele más (bueno, duele poco en comparación con la escabechina que me ha hecho la otra antes), pero por lo menos ninguna parte vital de mí se rompe esta vez y todo acaba felizmente. La primera ha desaparecido, supongo que para que no la mate al salir.

A ver, yo entiendo que no se nace sabiendo, y que la gente tiene que aprender a pinchar bien. También entiendo que mis venas son difíciles de encontrar, siempre tardan un poco. Pero coño, las otra vez que se me había dado la combinación novata-venas con +50 en sigilo, la muchacha al menos se concentró en el tema y no se distraía rajando con la compañera mientras.

Así que llego a casa blanca, con el brazo izquierdo semivendado y un pinchazo en la mano derecha. Y meándome. Mi madre flipa al verme, y yo le digo que los próximos análisis se los hará Perry.

miércoles, 1 de julio de 2009

Descenso al inframundo



Esta historia ya la conté en mi Fotolog, con fecha del 31 de marzo, pero todos sabemos que cualquier día te pueden censurar la cuenta por cualquier chorrada, y además últimamente no le hago mucho caso. En otras palabras, que no quería perder la ida de olla que escribí este día, así que lo siento para los que lo veáis repetido.

Es el apasionante relato de mi primera búsqueda de un gimnasio
.


Pues resulta que hay dos gimnasios en mi barrio, o lo que yo pensaba que era mi barrio. Ayer por la tarde fui alegremente a preguntar precios y a informarme, después de que mi madre me hubiera explicado donde estaban. El primero lo encontré sin problemas. El precio estaba bien, pero el sitio no me gustó demasiado, era muy pequeño y había pocas máquinas. Así que decidí ir en busca del segundo.

La única información que tenía al respecto es que estaba en una piscina a la que iba cuando era pequeña, y cuyo camino no recordaba en absoluto. Mi madre me dijo: «tú bajas toda nuestra calle, y luego tuerces a la izquierda en el Paseo de los Olivos y ya te lo acabarás encontrando».

Pues ahí iba yo tan feliz, bajando toda mi calle. Aquí tengo que hacer un inciso, para aclarar algo sobre mi barrio. No es de los mejores de Madrid precisamente, pero tampoco es que sea lo peor... al menos donde yo vivo. Mi calle sale de una relativamente importante que se llama Paseo de Extremadura. Yo vivo en el 5, así que la civilización de la zona conocida y comercial aún llega hasta mi casa. Pero a medida que se va avanzando en la calle, uno baja al inframundo. Unos números por debajo de mi calle, aquello parece un pueblecito. Unos cuántos números más abajo, parece un pueblecito de los chungos. Y abajo del todo, parece otra dimensión al más puro estilo lovecraftiano, con seres malvados y realidades alternativas no demasiado amistosas.

Al rato ya estaba en el Paseo de los Olivos, y fui avanzando hasta sumirme más y más en esa dimensión paralela. Y aquello no se acababa nunca, y la piscina no aparecía. La gente con la que me cruzaba era cada vez más rara. Luego dejé de cruzarme con gente, directamente. Y aparecí en medio de un cruce de carreteras surrealista, que llevaba a una especie de parque enorme/bosque maligno plagado de profundos.

Ahí admití mi derrota... y llamé a mi mamá por teléfono para decirle que me había perdido. Después de las risas de rigor por la inutilidad de su hija a la hora de orientarse, le describí donde estaba y me dijo que ya me había pasado la piscina hacía rato.

Así que volví. Y por el camino de vuelta, vi una tapia de forma sospechosa... le pregunté a una señora (el primer ser vivo sin tentáculos con el que me crucé en todo ese rato) por el gimnasio, y me dijo que lo habían cerrado hace tiempo. Me cagué en todo, pero no me extrañó; seguro que todos los clientes habían sido sacrificados en ritos extraños o devorados por primigenios.

Y entonces descubrí que hay algo peor que bajar al inframundo; subir desde el inframundo. Porque lo de subir es literal, mi calle hace una cuesta enorme desde un poco por debajo de mi casa hasta el final. 90 malditos números de cuesta infernal. Me alegré más de que el gimnasio ya no estuviera, porque sólo con volver de él cada día haría suficiente ejercicio para una semana. Pero al final conseguí llegar viva a mi casa. Con un pulmón menos, pero viva.

Y aquí acaba la odisea. Ahora me toca buscar gimnasios en otros barrios, preferentemente en nuestra propia dimensión.

Conclusión: esto de la vida sana es una puta mierda xD

lunes, 29 de junio de 2009

Los Otros se lleven a Orange

Debería haber contado esto hace semanas, pero soy una maldita vaga y no lo he hecho... qué os voy a decir sobre mi vaguería que no sepáis ya. Así que, aunque tarde, os voy a contar la bonita historia de cómo los capullos de Orange me dejaron una semana sin Internet.

Todo empieza una tarde, después de comer. Pongo el portátil y no se conecta a Internet... y hago todas las cosas típicas de Enjuto Mojamuto (reiniciar, apagar y encender el router, etc). Mi madre me ve en el proceso y me dice que mi hermano tampoco tenía conexión por la mañana... y paso a lo siguiente, llamar al servicio técnico de Telefónica, que es la compañía con la que lo tenemos.

Allí me dicen que «es que ya se está cursando la portabilidad». Y yo flipo, claro. Le aseguro a la tía que no nos estamos cambiando de compañía, y ella insiste en que sí, que les consta que nos hemos dado de alta con otra... consigo que me diga que es Orange.

El siguiente paso es llamar a Orange con ganas de cortarles las pelotas. Después de varias llamadas en las que no conseguíamos hablar con nadie, nos dicen que tenemos contratado un servicio con ADSL, televisión y teléfono... tócate los huevos. Al decirles que eso es mentira, nos piden el DNI de mi padre (el titular de la línea), y resulta que no tiene nada que ver con el que tienen ellos. Ni el nombre, ni nada. Y encima no nos quieren decir el nombre que les figura. Pedimos que nos den de baja, y nos dicen que eso sólo puede hacerlo el titular, y que el DNI no se corresponde... pa matarlos. Al final la solución parece ser enviar una carta por correo, que a saber cuándo llega y a saber si lvan a leer.

Llamamos otra vez a Telefónica... y dicen que no pueden darnos de alta otra vez mientras Orange no nos de de baja... una juerga. Nos piden que les enviemos un fax con unos datos y que expliquemos ahí lo que ha pasado, a ver si lo pueden agilizar... pero que la cosa está jodida.

Ganas de matar aumentando. Más llamadas a Orange, incremento de las ganas de matar... lo peor es que los días siguientes nos están llamando para traer a casa el router... y varias veces. A una operadora se le escapa que el titular es un tal Miguel Molina, que no nos suena de nada, y la dirección tampoco tiene nada que ver. Nos dan un móvil, que ni siquiera existe... vamos, que un comercial aburrido o que no llegaba a los mínimos del mes había decidido inventarse unos datos y dio la casualidad de que puso nuestro teléfono, el muy cabrón.

En una de las llamadas de Orange (que esta vez hacen ellos, para ver por qué hemos pedido la baja... sin comentarios) le dicen a mi madre que tiene que enviar una fotocopia del recibo de Telefónica, para acreditar que realmente lo tenemos contratado con ellos... y mi madre le dice «y para conseguir los datos de mi marido y el número de cuenta, ya de paso...». No sé cómo se puede tener tanto morro, de verdad.

Al final nos lo arreglan, una semana más tarde... desde Telefónica.

jueves, 9 de abril de 2009

La cámara de torturas





Hoy ha sido mi primer día en la cámara de torturas. Supongo que podría haber ido peor, así que no debería quejarme. Pero después de años sin hacer nada de ejercicio (creo que lo último fue cuando me apunté a aerobic durante tres o cuatro meses, hará unos cinco años), cualquier cosa te hace desear la muerte.

He llegado allí toda pardilla, sin saber ni lo que tenía que hacer, y como es festivo y Semana Santa los monitores no tenían ganas de hacer ni el huevo. Me han encasquetado a un tío extraño que hablaba de forma más extraña aún, que ha empezado a soltarme una parrafada sobre ejercicios estándar, hasta que he conseguido interrumpirle para decirle que yo no quiero hacer pesas (sólo me faltaba ganar más volumen muscular, carajo). Así que me ha señalado un par de máquinas, vagamente, y ha pasado de mí.

Así que me veis toda dispuesta delante de la bici de spinning (que no sé en qué coño se diferencia de una bici estática de las de toda la vida, pero digo yo que en algo será). Intento tocar un pedal, antes de subirme... y no se mueve. Y lo peor, no llego al maldito asiento. En ese momento pasa por delante el típico especimen de gimnasio, to cachas y feliz de la vida (de los que no me gustan nada, vaya), y le abordo con mi mejor cara de tonta para que me ayude. Resulta que el asiento podía regularse... qué cosas. Me lo pone a mi altura, y me enseña cómo se pone en marcha el cacharro (con una palanquita que llega a estar un poco más cerca y me come). Y me dice: "Tienes que estar aquí una hora, con menos de 45 minutos no te sirve para nada". Y yo "...ehm... empiezo hoy... ¿no es mejor empezar poco a poco?". El tío me vuelve a repetir que no, que hay que hacer una hora... y menos mal que he pasado de él, porque a los 15 minutos ya estaba pal arrastre.

Me alejo de la bici malévola y me voy a la piscina. Por fin algo que no atenta contra mi vida, estaba vacía salvo una pareja de viejunos que iban nadando en plan tranqui. Me pongo a nadar, toda digna. Me fijo en que la viejuna me mira raro. Yo sigo a lo mío. Me fijo en que el viejuno también me mira raro. Los miro a ellos. Me doy cuenta de que llevo el gorro al revés. Joder, es la primera vez que me pongo un cacharro de esos (mira que son feos). Salgo del agua, me lo pongo bien lo más discretamente que puedo (lo que en mi caso significa un -40 a la tirada de discrección, más o menos) y me vuelvo a meter en la piscina como si no hubiera pasado nada.

Media hora después eso empieza a llenarse de gente molesta que salpica, así que decido que ya es bastante para el primer día, y me voy a las máquinas de correr/caminar que me había recomendado el amable monitor del principio. Me había dicho que hiciera 15 minutos al nivel 1 o 2... yo ya estaba acojonada, pensando que sería durísimo si en los primeros niveles sólo podías hacer un ratito. Me subo al cacharro, lo pongo en marcha al nivel 2... y es velocidad de abuela reumática. No quiero ni saber cómo es el 1. Lo voy aumentando, hasta acabar en un nivel 5,5, que era caminar rápido, y le pongo un poquito de cuesta. A los 20 minutos, pongo el nivel 6 y pico, lo más rápido que podía andar sin correr. A la media hora, me animo a subir del 7 y corro dos o tres minutos. Cuando bajo de la máquina, el mundo es extrañamente elástico y leeeeento. Como no quiero quedar como la novata que se desmaya después de caminar media hora, me apoyo en la pared con pose guay de la muerte, con mis dotes de disimulo, y cuando veo que más o menos el universo ha vuelto a su extrañeza habitual me voy al vestuario.

A tomar por culo todo, ya haré más otro día. Espero poder ir aumentando los tiempos de ejercicios pronto, probar cosas nuevas y meterme en alguna clase de step y chorradillas varias.


... uno de los peores efectos secundarios, además de la pupi corporal intensa, es que he llegado a casa con ganas de comerme un mamut (como no tenía ninguno a mano, lo he sustituido por un poco de queso de burgos con pan tostado... pero hubiera preferido el mamut).

Balance del primer día:
Ejercicio: 15 minutos de bici, 30 nadando despacio y 30 andando a toda hostia.
Estado físico: Como si me hubiera apalizado y sodomizado un ejército orco.

Cosas que debo recordar:
a) Utilizar la piscina al principio o al final, no en medio (para economizar duchas, y tal).
b) Aprender a ponerme el gorro.
c) Encontrar un monitor que me haga caso.
d) Hacerle caso yo a él y no hacer el cafre.
e) Comprar un candado para la taquilla que no sea de los chinos.
f) Volver, y no quedarme en casa quejándome de las agujetas xD



Imagen del monstruo de las galletas sacada de aquí

jueves, 26 de marzo de 2009

Intimidad


Me apetecía un rato de divagaciones por escrito, al fin y al cabo para eso me hice el maldito blog. Así que aquí estoy de nuevo, contando mi vida.

Hace un par de noches estaba en uno de esos momentos de insomnio relajados (los llamaré así para distinguirlos de los momentos de insomnio en que te pones histérico y deseas morir o matar a alguien, o ambas cosas), a eso de las 5 de la mañana, pensando tan feliz en mis cosas. Lo de "tan feliz" es más bien una forma de hablar, claro, porque aunque era un momento relajado, no me sentía especialmente feliz. El caso es que me dio por pensar en la idea de intimidad que hay en mi familia, que es rara de cojones.

Para eso debería explicar a quién no lo sepa cómo está distribuida mi casa. La primera parte es normal: un recibidor que da a un pasillo, del que salen las puertas que dan al cuarto de estar, al baño y a la cocina. Y ahí acaba toda la normalidad. El pasillo muere en la puerta de la habitación de mi hermano. Ésta se comunica con otra puerta con la mía (que antes compartía con mi hermana), y la mía con la de mis padres. Si me he explicado bien, ya debe de quedar claro que, por ejemplo, para llegar a su habitación mi madre tiene que pasar antes por la de mi hermano y la mía.

Con esta distribución hogareña, es evidente que el concepto de intimidad es un gran desconocido para nosotros. Además, la puerta entre mi habitación y la de mi hermano ha estado siempre tradicionalmente abierta, aunque estos últimos años la suelo cerrar, al menos durante la noche. En mi casa nunca se ha practicado eso de llamar a la puerta de la habitación de alguien; se entra y punto.

Por el contrario, mi familia tiene una idea de intimidad excesiva en lo referente al baño, y a cambiarse delante de otra persona. Toda la vida nos hemos cambiado de ropa en el baño, que tiene cerrojo. A estas alturas de mi vida no concibo un baño sin cerrojo, me dan muy mal rollo los que no lo tienen. Nunca hemos visto a otro miembro de la familia haciendo pis, ni cambiándose... la excepción la poníamos mi hermana y yo, que nos daba más igual y muchas veces nos cambiábamos juntas de ropa. Pero nadie se pasea por la casa en calzoncillos, o sale de la ducha en ropa interior, ni nada por el estilo.

Como me habían educado así, tardé años en comprender que todo eso es raro. Hoy en día, me cambio en mi habitación, cosa que a mis padres y hermano les causa algo de inquietud (recordad que en mi casa no se llama a las puertas). Ya me da igual que me vean, al fin y al cabo son mi maldita familia, no extraños; pero ellos se sienten incómodos con el tema. Si alguna vez me olvido los pantalones en mi habitación y salgo de la ducha en bragas, se crea un cataclismo familiar.

Lo del baño sí que no lo he superado. Soy literalmente incapaz de mear si hay alguien conmigo. Ni siquiera aunque me esté hablando desde el otro lado de la puerta. Y tampoco puedo hacerlo si no estoy segura de que la puerta no va a abrirse. Ya ni hablemos de esas parejas que hacen sus necesidades (voy a ser fina por una vez en mi vida) mientras el otro está lavándose los dientes, y cosas así. Nunca seré capaz de algo así (ni de mear mientras mi pareja se lava los dientes, ni de lavarme los dientes mientras él mea... y acabo de mandar al carajo la finura).

En ese momento de insomnio relajado, llegué a la conclusión de que posiblemente gran parte de mis extraños tabúes e incapacidades surrealistas, y una pequeña parte de mis obsesiones y otros problemas mentales, vengan de ese complejo concepto de intimidad, inexistente en unos puntos y demasiado férreo en otros. Nunca he sabido lo que es encerrarme en mi habitación, cosa que todo niño y adolescente necesita de vez en cuando. Creo que de ahí deriva también que mi familia no me haya visto llorar más que un par de veces en los últimos 12 o 13 años, cuando soy una de las personas más lloronas que conozco (en eso el baño con cerrojo ha resultado ser muy útil). Creo que ellos piensan que no lloro nunca, lo cual es bastante irónico. Me toman por una persona fuerte que lo soporta todo sin venirse abajo... definitivamente, mi familia no me conoce apenas.

A lo mejor esta ha sido mi forma de crear una puerta cerrada, de esas que nunca he tenido en casa. Estoy segura de que si le preguntan a cualquier miembro de mi familia si soy una persona alegre, dirían que sí sin dudarlo un momento. Y yo ni siquiera sabría qué decir sobre ellos... supongo que también han tenido que crear sus propias puertas.



O quizá todo esto no tenga nada que ver, y simplemente estoy loca porque sí. Pero siempre es mejor echarle la culpa a otro, ¿no?

lunes, 9 de marzo de 2009

Presentación



Después de años evitando hacerme un blog, he acabado cayendo. Supongo que no lo había abierto antes porque imaginaba que resultaría poco interesante, pero como ya me conocéis entiendo que toda idea de que esto pueda tener una continuidad o un tema común está descartada, y eso me quita bastante presión. Será poco interesante, ¿y qué? Anda que no hay blogs poco interesantes por el mundo, y sus autores no son fulminados por un rayo ni nada por el estilo, sino que siguen escribiendo en ellos, o los abandonan, o lo que sea.


Decidí inaugurarlo con un cuentecito de un estilo que nunca había probado. Siempre me han llamado la atención las fábulas, pero algo en mi cerebro daba por hecho que eran cosas preexistentes, nunca se me había ocurrido pensar que se pudieran seguir creando. Probablemente la moraleja de mi cuento del lemming y el fénix esté más vista que el tebeo, pero quería encontrar una forma levemente elegante de desmontar mi Teoría del Fénix y expresar mi pública renuncia a ella.

Sería estupendo poder dedicar este blog sólo a subir relatos, pero mi musa se debió de volver emo y lleva unos años por ahí fingiendo su muerte. O quizá murió de verdad de tanto fingirlo, antes de haberse formado del todo. Llevo un tiempo haciendo pequeños intentos de resucitarla, pero no han tenido mucho éxito, probablemente porque son pequeños. Así que hasta que haga un intento grande, utilizaré esto para desvariar en general, y de vez en cuando subiré algo dictado por mi musa muerta... pero es complicado sacar algo en claro de una psicofonía, así que si estáis esperando buena calidad, mejor mirad en otros blogs.

A lo mejor me da por seguir con el tema de las fábulas deprimentes de animalicos, quién sabe. A lo mejor acabo escribiendo sobre la hibernación de las marmotas en climas lunares, o sobre la perspectiva vital del ser visto a través de unas gafas de pasta, o sobre monos. Probablemente sea sobre monos. O a lo mejor simplemente no escribo nada más.

Sea como sea, bienvenidos. Intentaré haceros la estancia lo menos aburrida posible, mientras practico necrofilia con mi musa.